Archivo de la categoría ‘La firma’
Sindicalistas y sindicalistos
Enric Cantín · Renati Sunt
Soy funcionario de la administración pública. Sí. Esa progenie vividora del estado que es objeto de pasión y amores de una gran mayoría ciudadana, y en concreto de la vicepresidenta del gobierno. Linaje de inútiles a la cual quiere congelar el sueldo. Por indecentes y chupones.
Católicos y vida pública
Javier Paredes · Scriptorium
Los sé de buena tinta, porque mi informador no tiene necesidad engañarme. Mi buen amigo me contó con todo lujo de detalles cómo surgió hace once años lo de los Congresos de Católicos y Vida Pública. La verdad de la historia es que ni el lujo era tanto ni muchos los detalles: sólo había unas tazas de café y aunque era por las mañanas, ni siquiera había bollos ni churros madrileños. Porque fue en una cafetería de la Castellana donde a los remolinos que hacían las cucharillas en las tazas, en movimiento concéntrico, se le empezó a dar vueltas a una idea, a una buena idea.
Esos chicos
Arturo Pérez-Reverte · XL Semanal
“Nunca he vuelto a hablar despectivamente de un joven universitario desde que estoy de nuevo allí. Deberías decirlo en uno de tus artículos, Reverte. Es de justicia.”
Conozco, desde hace tiempo, a una señora que tiene a los niños criados y al marido ocupado en sus cosas, y la suerte, ella, de no tener que trabajar para ganarse la vida. Es una de esas mujeres afortunadas con posición económica cómoda, dentro de lo que cabe, que dispone de tiempo suficiente para dedicarlo a sí misma. Como todavía está de buen ver –fue muy guapa y todavía lo es–, no necesita dedicar horas a mantenerse en forma, pues tiene una forma estupenda. De maruja calza lo mínimo: no es de mucha tele –excepto los debates políticos, que se los zampa–, sino del tipo lectora.
Bendita sea tu pureza.
Renati Sunt
Esta es una oración que pasó de abuelas a nietas para, al empezar el día, recordar la belleza, la bondad y la pureza de La Madre que cambió el mundo con un Sí.
Y compartiendo la oración que glorifica a María, recordar amorosamente a las abuelas que con ternura infinita cuidan de sus nietas con oraciones transmitidas con esperanza y dulzura incalculable – y a fondo perdido-. Para que esa oración recordada nos pueda sosegar y salvar ya de mayores. Y poder así repetirlas a nuestras hijas. Para que algún día ellas, quizás, repitan a sus nietas…
La suave pendiente
Renati Sunt >Archivo<
C. S. Lewis decía que el camino del Infierno es agradable y de suave pendiente. Y es así como, paulatina e insensiblemente, hemos ido descendiendo por ese camino hasta llegar a un estado de colapso ético.
Cuando predomina en la sociedad un deseo de paz tan grande que está dispuesta a cualquier compromiso y concesión para conseguirla, olvidándose de que la vida es lucha, el resultado es la contaminación del Bien por el Mal y una paulatina pero fatal descomposición.
En la filosofía oriental le llaman “superación de los opuestos”. Cualquier conflicto humano es equivocado y malo. Hay que comprenderlo así y superarlo. No existe el bien y el mal tal como pensamos, sino que el mal consiste en el conflicto mismo. Todas las posiciones antagónicas son equivocadas y parciales y deben ser superadas por una visión global superior.
Quizás haya habido alguna influencia de esta filosofía en Occidente. O quizás el igualitarismo y el relativismo produzcan el mismo resultado sin necesidad de influencias filosóficas orientales. O bien haya una conjunción de corrientes.
El hecho es que la tendencia habitual es a dirimir cualquier conflicto mediante el diálogo, el compromiso, las mutuas concesiones. Lo cual no deja de ser acertado cuando las posiciones en pugna son discutibles y la razón no puede atribuirse en su totalidad a cualquiera de las partes. Pero no es aplicable en otros casos.
Pirómanos y extintores
Juan Manuel de Prada · XL Semanal
Uno de los rasgos más distintivos y definitorios de nuestra época es la incapacidad para percibir la idea, el denominador común o principio que explica los fenómenos que se despliegan ante nuestros ojos; y de ahí se desprende la incapacidad para combatir las calamidades que nos afligen, a las que atacamos en sus consecuencias, sin atender a sus orígenes (o lo que aún resulta más aflictivo, después de haberlas alimentado en sus orígenes). Así, el hombre contemporáneo se halla inmerso en un fárrago de problemas que no sabe cómo solucionar; o para los que dispone soluciones que sólo los combaten en su expresión contingente, sin atender a sus causas. Ocurre esto porque ya no existe una capacidad para enjuiciar la realidad desde una perspectiva abarcadora que la explique de modo coherente; y así todos nuestros juicios están atrapados en una telaraña de impresiones confusas y contradictorias. Y, cuanto más tratamos de enfrentarnos a lo contingente, más nos enredamos en su telaraña mistificadora.
“Anticristo”
Juan Manuel de Prada · XL Semanal
La última película de Lars Von Trier, Anticristo, ha provocado un encrespado debate sobre los límites del arte, alimentado por la escabrosidad sensacionalista de algunas de sus imágenes, y también por la ambigüedad que destila su `mensaje´, que algunos tachan de ferozmente misógino (aunque casi nadie se haya atrevido a sugerir una posibilidad que, sin duda, se insinúa en alguna de las secuencias de la película, a saber: que para el director danés la mujer sea la encarnación del Anticristo). Casi todos los vituperios que ha recibido Von Trier se fundamentan en el uso desaforado y hasta gratuito que hace de la violencia, incorporando escenas muy gráficas de mutilaciones genitales y otras aberraciones sádicas. Pero lo cierto es que la representación explícita de la violencia se halla presente en muchas películas que hoy se consideran cimas del arte cinematográfico (pensemos en Un perro andaluz, de Buñuel, o en Saló o los 120 días de Sodoma, de Pier Paolo Pasolini); y no es menos cierto que durante los últimos años se han estrenado –a veces con los parabienes y el arrobo de la crítica– películas que se complacen perversamente en las más bestiales sevicias, como La pianista, de Michael Haneke, o Irreversible, de Gaspar Noé.
La camisa blanca
Arturo Pérez-Reverte · XLSemanal
He recibido carta de una lectora que comenta un artículo aparecido en esta página sobre cadáveres de la guerra civil enterrados o por desenterrar, lamentando que no mostrara yo excesivo entusiasmo por el asunto del pico y la pala. El contenido de la carta es inobjetable, como toda opinión personal que no busca discutir, sino expresar un punto de vista. Comprendo perfectamente, y siempre lo comprendí, que una familia con ese dolor en la memoria desee rescatar los restos de su gente querida y honrarlos como se merecen. Lo que ya no me gusta, y así lo expresaba en el artículo, es la desvergüenza de quienes utilizan el dolor ajeno para montarse chiringuitos propios, o para contar, a estas alturas de la vida, milongas que, aparte de ser una manipulación y un cuento chino, ofenden la memoria y la inteligencia. Envenenando, además, a la gente de buena fe. Prueba de ello es una línea de la carta que comento: «Parece que para usted todos los muertos de esa guerra sean iguales».
Hermanos de sangre
Enric Cantín · Renati Sunt
El historiador estadounidense Stephen Edward Ambrose (entre otras cosas biógrafo de los presidentes Eisenhower y Richard Nixon ), publicó en 1992 Band of Brothers, el libro que relataba lo vivido y sufrido en la campaña europea de la Segunda Guerra Mundial por la Compañía Easy del 506º Regimiento de infantería de Paracaidistas, de la 101ª División Aerotransportada del ejército de los Estados Unidos. En el 2001 Steven Spielberg, Tom Hanks y Gary Goetzman producirían una miniserie de diez capítulos que en España se tituló Hermanos de Sangre. La miniserie fue nominada a, ni más ni menos, que 19 Premios Emmy. De ellos se llevó 9. Globos de Oro y galardones varios a parte, uno que a mí me llama especialmente la atención fue el que seleccionó a la serie para otorgarle el Premio Peabody por “…recrear la historia y la memoria y crear un nuevo tributo a aquellos que combatieron por preservar la libertad.”
No me pises, que llevo chanclas
Arturo Pérez-Reverte · XLSemanal
Se me iban a pasar los calores sin mencionar la indumentaria, en ese añejo intercambio ritual entre colegas y suplementos dominicales que Javier Marías, donde suele, y yo aquí, acostumbramos cada verano. Ya saben: lorzas sudorosas a la vista y restregándose contigo en la calle Sierpes, pantorrillas peludas a tu lado en el asiento del AVE, fulanos quitándose las pelotillas de los pies en el museo del Prado, y otros horrores estacionales de esta España convertida en inmenso chiringuito playero.
Arte y mamarrachada
Juan Manuel de Prada · XL Semanal
Hubo un tiempo en que el arte aspiró a escandalizar al público burgués y filisteo; esa etapa, coincidente con el apogeo de las vanguardias históricas, ha languidecido lentamente, hasta morir por consunción. Todavía hoy algún artista iluso trata de escandalizarnos empleando los mismos métodos iconoclastas, blasfemos o energúmenos que exasperaban a nuestros abuelos y que a nosotros sólo nos despiertan una sonrisa condescendiente, cuando no un bostezo de hastío; en general, diremos que la posibilidad del escándalo ha fenecido, puesto que ya no existen dogmas que profanar, ni convicciones sagradas que pisotear.
Odio a la belleza
XL Semanal – Juan Manuel de Prada
Detrás de la iconoclasia hay siempre odio a la belleza: un odio disfrazado de coartadas ideológicas o religiosas, incluso filantrópicas o estéticas, pero odio a la belleza a fin de cuentas. La destrucción de imágenes –devoradas por el fuego, despedazadas por el furor de los hombres, abandonadas a la incuria, sometidas a mil expolios y latrocinios– es, como la pasión creadora, un rasgo constitutivo de la historia humana: allá donde los hombres han estado, han dejado testimonio de su paso por la tierra creando belleza, y también arrasándola. Y quizá no haya expresión más nítida del carácter contradictorio de nuestra naturaleza que esta doble pulsión creadora y destructiva, que es apetencia de luz y de tinieblas, amor y odio a la belleza amalgamados de manera inextricable, misteriosamente indisoluble. Alguien podría elaborar una historia del arte que atendiese, antes que a la evolución de las tendencias estéticas, a la periódica ansia iconoclasta que acomete a las comunidades humanas, no sólo a las más atrasadas o bárbaras, sino también a las más desarrolladas y pacíficas; y sospecho que tal historia de la iconoclasia sería al menos tan dilucidadora del eterno humano como la más erudita y exhaustiva historia del arte. Leer el resto de esta entrada »


















